Afortunados nosotros

Somos unos privilegiados, tenemos suerte. Los locos por este deporte llamado fútbol démonos con un canto en los dientes y sintámonos afortunados. Dejando en la cuneta todo tipo de forofismos, tirando por la borda ideologías futboleras. A ti, que te gusta ver balompié del bueno, estás de enhorabuena.

Privilegio de contemplar el fútbol del Barcelona, de admirar una oda al deporte rey, sin precedentes. De alucinar con jugadas imposibles y milimétricamente calculadas. De tener el placer de que tus ojos recuerden por y para siempre a jugadores de la talla de Messi, Xavi, Iniesta, Pedro, Piqué o Puyol. A ti que dentro de unos años, cuando tus hijos vayan al colegio a jugar al fútbol, les explicarás que hubo una época, allá por 2009 o 2010 en la que Pep Guardiola dirigió una orquesta con violinistas finitos, bajitos y donde nunca sonaba una nota más alta que otra.

Porque este barcelona es una mansión perfectamente construída, de lujo, con cimientos de oro y con techos altos, muy altos, tanto que no se vislumbra, aunque nos pongamos gafas de lejos, el final. Hilvanan jugadas suaves, silenciosas y asesinas. En la línea de tres cuartos se siente agusto, es su ambiente.

Pero no todo es cualitativo sobre el césped. Internamente, en las entrañas del club, todo es armonioso. Los alevines clavan el estilo del primer equipo. Y los infantiles, y los cadetes, y los juveniles. Cualquier club del mundo que se ofusque en no querer parecerse al Barça miente y peca de hipócrita. Es la filosofía de las filosofías, la excelencia de la cantera y la satisfacción de conquistar títulos made in La Masía, cocinados a fuego lento.

Mientras otros, y no especifico ni quiero hacer leña del árbol caído, firman cheques en blanco para traer cualquier tipo de bodrio, el Barcelona inculca valores. Y quizá no lo más acertados, pero si los suficientemente correctos como para llegar a la cima con oxígeno, para quedarte un rato disfrutando del paisaje del mejor equipo del mundo y luego, poquito a poco, descender sin prisas, sabedor del triunfo que supone debutar en un equipo de principios excelsos.

Así es el Barça. Y así nosotros, unos privilegiados que nos ha tocado vivir la gallardía y el donaire de un fútbol con límites que ni el más grande puede predecir.

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